
Este es un texto que escribí hace ya mucho rato para el blog de parodiario, el 11 de noviembre de 2006. Hechas algunas correcciones, y mientras termino mi tesis, he acá este artículo rescatado de entre las brumas del recuerdo:
Mi prima, cuyo nombre me reservo, me dijo ayer viernes que hoy, sábado 11 de noviembre del año del Señor de 2006, según los cálculos de los sabios y legendarios y milenarios mayas, se abrirá un portal entre las 11:00 a.m. y las 11:00 p.m., en lo que se conoce como “Tiempo del no tiempo”, y que de esta manera empezará una serie de cataclismos, durante los cuales la tierra cambiará de vibración a una más alta y la gente que no lo soporte empezará a morir, en medio de una ola de catástrofes naturales y muertes súbitas. En resumidas cuentas, es el inicio del fin del mundo, que durará seis años (En plena era de la información y uno esperando seis años a que se acabe el mundo, tiene huevo el que se inventó el plancito).
Supongo que de aquí en adelante nos veremos sometidos a una serie de pruebas emocionales impuestas por nuestra madre naturaleza; poco a poco veremos inundarse las ciudades que quisimos visitar tantas veces, mientras el suelo se agrieta bajo nuestros pies. Las celebridades van a estar más ocupadas que nunca haciendo todo tipo de eventos de caridad y grabando discos cuyos fondos estarán destinados a socorrer a las muchas víctimas de la ira de dios, o del destino natural del universo, que viene siendo lo mismo.
Y así, mientras muchas personas condenan a los homosexuales y a los comunistas, a las sectas satánicas y a los ateos por desatar la ira del dios vengador, hordas furibundas saquearán las tiendas de electrodomésticos, sin considerar lo importante que va a ser en las siguientes semanas una lata de arvejas o un bulto de arroz. El fin del mundo aparecerá en todas las cadenas noticiosas y en pocos días DirecTV va a tener los derechos exclusivos de su transmisión. Colombia venderá caro por fin su espacio aerostático y podremos ver imágenes de todo el mundo ahogado en olas y olas de agua o incinerado por trombas de fuego, hablando en lenguas y haciendo cola a la entrada de la iglesia de garaje más próxima para buscar la salvación que no buscaron antes, en las manos de Jesucristo, de Walter Mercado, de Rael, de Maradona. A las puertas del primer ovni que venga a llevarnos, o solicitando una cápsula criogénica a ver si les aguanta hasta que se drenen de nuevo los océanos.
Por fin muchas personas van a cumplir su sueño de vivir en una película, de ser héroes o víctimas, verán más helicópteros de los que en su vida han visto, más ambulancias, más balsas de salvamento; se sentirán en Titanic y en la guerra de los mundos. ¿Es hora de rezar? No, porque mucha gente se va a sentir viva por fin, todos los que alguna vez estuvieron pudriéndose en sus oficinas esperándose a que llegaran las cuatro o la hora que fuera por fin podrán salir nadando de sus décimos pisos, ir a todos los funerales y recepciones a los que nunca estuvieron invitados, ser recordados con cariño por sus congéneres y pelear en la calle contra el de la oficina de al lado por el mismo frasco de mermelada Comapán de piña que días antes dejaran de lado en el supermercado. Ya no habrá más zonas de no fumadores y los que fumamos ya no tendremos que vivir preocupados por el cáncer. Ocuparemos nuestra cabeza en pensar en dónde están nuestros amigos de Facebook y extrañaremos las conversaciones insulsas que nunca tuvimos, tendremos todos los días un momento de reflexión, ¡como en año nuevo! De ahí en adelante todos los días podrán ser el último.

Los habitantes de los barrios de invasión y en general “los pobres” se divertirán viendo a los ricachones sufrir por cosas que perdieron, o enfrentarse, como lo han hecho ellos siempre, a las inclemencias del tiempo y la mala vivienda, al hambre y a la desolación. Se sentirán mejor preparados que cualquiera para enfrentar estos impasses y seguir de largo. Se acabará la angustia existencial, estando todos muy ocupados en nadar, esquivar escombros o salvar la comida que podamos. Por fin los gringos van a estar en igualdad de condiciones con nosotros, los famosos ya no serán V.I.P. y todos vamos a estar en las mismas, a ver quién es tan machito. Todos tendrán la muerte romántica que siempre soñaron y nadie tendrá que ir al colegio o cumplir con tareas. Ya no va a haber bouncers en los bares ni papeleos enormes para cualquier trámite, porque ni siquiera va a haber trámites. Toda la plata que la gente ahorró con tanto esfuerzo en los bancos ya no servirá de nada.
Pero tal vez todo siga igual: Los Estados van a construir arcas y refugios para llenarlos con los que puedan pagar la instalación y la nueva religión de los noelianos va a instalar barcos enormes de fabricación casera en las ruinas para luego encallar en las grietas de las calles y llenarse de ratas y ñeros, mientras los volcanes eructan enormes nubes de ceniza y vomitan ríos de lava. Mil palomas se van a posar en los lugares altos sin hacer pacto alguno y las ballenas no van a tener en dónde suicidarse.
Van a sobrevivir muy seguramente los ganadores de los reality shows como survivor o la expedición robinson, se van a salvar los libros de autoayuda y los charlatanes van a ganar más adeptos. Los gobiernos como el nuestro aprovecharán el Apocalipsis para desviar la atención de la plata que seguirán robando, de los horrores que seguirán cometiendo, y la gente va a seguir viendo la televisión para ver el cubrimiento del Apocalipsis en vivo y en directo y así olvidar que les está pasando a ellos. Todas las líneas de teléfono que queden sirviendo van a ser ocupadas por hordas de personas en todo el mundo llamando a los programas de la mañana a contar cómo les ha ido hasta ahora en el fin de los tiempos, y Jotamario desde un búnker les recomendará que recen a sus ángeles y los oirá con cara de paciente de lobotomía. Si algún país sobrevive intacto se proclamará como potencia mundial y seguirá matoneando a los otros países que hayan quedado desvalidos, ahora impulsado por aquello de que sobrevive el más fuerte. Lo peor de todo: Andrés López será recordado como el último gran comediante de nuestro país. Si sobrevive, va a montar una comedia sobre las cosas idiotas que la gente hacía antes y durante el cataclismo, para que todos añoremos esos días en que la gente se reunía a hacer cosas que en ese momento nos parecerán chistosísimas.
Es común que la gente le tema al fin del mundo, cuando cambian los tiempos y en el principio de los milenios, sobre todo si hay tantas señales de que las cosas van a acabarse, y sobre todo si los mayas eran tan sabios que lograron la fórmula rejuvenecedora que Esteban Mayo vende en el canal Infinito. La verdad es que no me importa si los mayas tienen o no razón y si así es nadie podrá evitarlo, entonces menos aún importa. Lo que sí es seguro es que todos, y así lo supongo porque me ha pasado, en algún momento del día, mientras montamos en un bus lleno en una calle trancada con la vallenata a todo volumen, trabajamos horas inacabables en un escritorio frente a un computador, vemos las noticias y las telenovelas, nos molestan en el colegio o hacemos una fila en una oficina del estado, en fin, llega un punto de nuestros días en que, aunque sea por un segundo, deseamos que empiecen a estallar los volcanes, lluevan bolas de fuego o se inunde nuestra ciudad, para ver si de pronto la emoción invade las vidas que hemos escogido para nosotros. Lo único que espero es que pase lo que pase y llegue lo que llegue, me agarre con el discman puesto.
Hasta aquí este extenso relato que es mi primer post en nuestros blogs, espero no haberlos aburrido con mis divagaciones fruto del insomnio y de profecías febriles.
Un abrazo,
Santiago Rivas
(los hechos descritos en esta predicción nefanda son producto de la ficción, cualquier parecido con la realidad será producto de la ira de Dios nuestro señor o de la mala suerte.)