7/4/09

Una lectura visceral de la noticia del día




Hoy en Perú pasó algo fantástico, que en realidad debería ser normal: se hizo justicia. Mientras que a Pinochet lo salvó de las condenas terrenales su propia vejez y decrepitud, a Alberto Fujimori lo cogieron y hoy un tribunal de la Corte Suprema lo declaró culpable de graves violaciones a los derechos humanos, en 4 casos específicos de masacres y secuestros con el agravante de torturas inflingidas a los retenidos.

Alan García, presidente de Perú, declaró solamente que deseaba que Fujimori tuviera una condena justa y conforme a la ley. De hecho al “chinito” le dieron la condena máxima posible, de 25 años de cárcel, y una serie de reconvenciones económicas para las víctimas de sus mandatos y sus crímenes. Sin embargo hoy, a la luz de años y años de horror y ante la memoria de tantos que no van a volver y que nadie puede traer de vuelta, ante la memoria de tantas torturas, tanta angustia y buscando realmente sanar las heridas de un país acometido por el embate de la megalomanía y la represión, solamente para sanar las heridas de años de miedo y revindicar el derecho que tenemos a vivir en libertad y paz, sin estar mirando sobre nuestros hombros y sin tener que cuidarnos de nuestros gobiernos, quiero decirle a todos que 25 años son insuficientes. No soy peruano, pero me duele sinceramente el dolor de los peruanos, porque somos todos parte de una misma Latinoamérica y porque nosotros los colombianos hoy por hoy vivimos una época muy parecida a la que ellos hace 10 años vivieron, sin que la mayoría se haya dado cuenta aún.

Así pues, 25 años para el maldito monstruo que es Alberto Fujimori no son suficientes. En un principio deseé para él que lo empalen, lo quemen y lo linchen, que se ahogue en su propia mierda y se envenene con su comida. Que las pesadillas no lo dejen dormir y se lo coman las ratas, que se pudra para siempre y no tenga un segundo de paz en lo que le resta de vida. Pero entonces, conversando con don José Gandour, pensamos en una serie de torturas que además podrían enviar a Perú a algunos de nuestros personajes más molestos, en lo que sería una vacación merecida para nosotros.

Deseo que a Fujimori lo peine Norberto, que lo encierren a conversar con Vicky Dávila y Diva Jessurum durante diez horas al día, que todas las mañanas sea invitado en los programas de la mañana de Jota Mario Valencia y lo obliguen a ver un video con todas las cosas que ha hecho Andrés López (con introducción de Alejandro Villalobos) una y otra vez durante meses y meses. Deseo que lo vista Alfredo Barraza y lo obliguen a oír tropipop desde que sale el sol hasta que anochece, que tenga que aparecer en videos de Báez y de Wamba, deseo que le toque sentarse en todas las comidas en una mesa con Andrés Cabas, Uribito, Samuel Moreno y Poncho Rentería, que tenga que aguantarse diatribas interminables de Fernando Londoño Hoyos sobre sus gloriosas fuerzas armadas y tenga que leer en voz alta cada columna de Saúl Hernández Bolívar. Que vaya cada semana Carlos Antonio Vélez a hablarle de fútbol y cuando se duerma le pongan cada noche el disco de Naty Botero completo y a todo volumen.

Que todas las semanas le toque ir a una reunión con nuestros publicistas locales, que Raimundo Angulo le de clases de etiqueta y Enilce López le haga la vida imposible. Que un abogado de los cienciólogos vaya a ponerle camorra día de por medio y Luis Carlos Sarmiento le cobre intereses por cada cosa que compre. Que no pueda ver en la TV otra cosa que “Inversiones el ABC”, “Padres e Hijos”, “Oki Doki”, “Nuevo rico, nuevo pobre” y así y así, que lo visite cada noche durante una hora una defensora del televidente y el profesor Salomón le venda carísimas unas velas que le llenen de humo y olor a incienso su celda. Que lo llame por teléfono Julio Sánchez Cristo y le haga pregunta tonta tras pregunta tonta hasta que él mismo desee que lo quemen, lo empalen y lo linchen, ahogarse en su propia mierda y envenenarse con su comida, preparada en vivo por Franco Basile.

El único problema que tiene esta lista de deseos es que posiblemente no resultarían una tortura lo suficientemente fuerte. Fujimori llenó a Perú de idioteces mediáticas y aparatos de propaganda, como lo ha hecho Uribe con nosotros. A los presidentes que ordenan el horror para la gente de su país les gustan también los programas de la mañana, las canciones de Naty Botero, las columnas de Fernando Londoño y Saúl Hernández. Incluso el tropipop. Disfrutan con llenar sus países de ignorancia y abyección, para que las sonrisas y la musiquita suave y los íconos pop desvíen la atención y suavicen el horror de las atrocidades que se llevan a cabo cuando nadie está viendo, ni oyendo.

2 comentarios:

insantidad dijo...

qué va rivas, deje de echar cuento! a ud no le duelen los peruanos! le dan es risa!

la falsa alicia dijo...

creo que se le podría seguir torturando con un par de personajes mas........ Luis Carlos Restrepo podría ser su siquiatra de cabecera, Julio Navas podría comérsele la nariz, podría ser víctima de violación por parte de Danielita Franco.... mmm, esto puede ser interminable.......